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Las principales pruebas para encontrar la causa por la que no llegan los hijos

Dr. Eleuterio Hernández
Codirector de FIV Madrid

En la entrevista “Qué esperar cuando toca esperar” que realizó el periódico El Mundo a Eleuterio Hernández, codirector de FIV Madrid, explicó las principales pruebas diagnósticas que se realizan para conocer las causas de por qué no se produce el esperado embarazo.


Si las personas que buscan tener un hijo con ayuda son parejas heterosexuales, es importante conocer los requisitos para comenzar con un tratamiento de fertilidad, en el caso de que la mujer sea menor de 35 años, que la pareja lleve un año manteniendo relaciones sexuales sin protección y sin lograr el embarazo; si se tiene más de 35 años, “la gran mayoría de los pacientes en la actualidad”, puntualiza Hernández, se reduce a seis meses el tiempo de espera.

La primera prueba que se hará, en caso de que se trate de una pareja heterosexual, es un seminograma que se realizará al varón. Es una prueba no invasiva que se realiza con el semen. Si el hombre tarda menos de 40 minutos en llegar a la clínica o el hospital donde consulte su disfunción reproductiva, podrá llevar la muestra desde casa; si no, la obtención de la muestra tendrá que ser allí.

Imagen del 'Atlas interactivo de reproducción asistida'. | © Dr. J. Herrero | Merck
Imagen del ‘Atlas interactivo de reproducción asistida’. 
 © Dr. J. Herrero | Merck

Los resultados que se obtiene en dos horas, permitirán saber si la causa de los problemas de infertilidad está en el varón. Se estudian en el microscopio el número de espermatozoides, su movilidad y motilidad. Además, con la misma muestra se hará la llamada prueba de recuperación espermática, que consiste en analizar el semen en un medio de cultivo. “Los espermatozoides más ‘listos’ suben a la superficie y podemos saber qué número de ellos funciona realmente bien”, apunta el especialista en reproducción.

Si el resultado de la prueba es muy negativo es posible que se prescriba una biopsia testicular, a la que el varón acudirá en ayunas, ya que se requiere sedación para extraer un “trocito pequeño” de testículo. “Puede que esté molesto cuatro o cinco días, pero ya se sabe que los hombres somos muy quejicas”, bromea Hernández.

Lo que se evalúa en esta prueba es si existe una condición denominada ausencia de conductos deferentes o, en otras palabras, que los espermatozoides no puedan unirse al semen al eyacular. A esta biopsia solo tendrá que ir aproximadamente un 1% de los varones que consulta a un especialista en fertilidad.

Si el problema está en el varón

Según explica Hernández, si estas pruebas atribuyen al hombre el problema de la infertilidad, la opción ideal es una fecundación in vitro o ICSI, la versión mejorada de esta técnica, en la que se seleccionan los mejores espermatozoides y, de uno en uno, se fecundan con los ovocitos de la mujer.

Si el problema no está en el varón

Se realiza un análisis de sangre a la mujer, para lo que habrá que esperar al tercer día después de la llegada del periodo. Tres hormonas ofrecen una valiosa información sobre el estado de la fertilidad de la mujer. Se trata de la FSH, la LH y el estradiol. “Con estos valores se sabe qué estimulación es necesaria para la fecundación in vitro”, resume el experto.

Pero ¿qué sucede si tanto esta prueba como las del varón están bien y, aún así, la pareja no logra tener hijos de forma natural? Entonces se realizará una histerosalpingografía a la mujer para estudiar la permeabilidad de las trompas. Efectuada por un radiólogo, consiste en introducir un contraste por vía vaginal y ver por imagen como se mueve por las trompas.

El objetivo es ver si se puede hacer una inseminación artificial, la primera de las opciones de reproducción asistida, que cuenta con escasas posibilidades de éxito, entre el 18% y el 20% por intento. “Tiene muy poco éxito, pero es más económica y se suele intentar si se puede, aunque pienso que no se debe recomendar a mujeres mayores de 38 años”, señala el Dr. Hernández.

Pasados entre dos y cuatro intentos de inseminación artificial sin éxito se pasará a la fecundación in vitro, con o sin ICSI. “No se hacen más pruebas para la FIV, en un principio”, apunta Hernández.

Semen de donante

Para la mujer que acude sola o con una pareja de su mismo sexo, hay que realizar las mismas pruebas de medición de hormonas y permeabilidad para saber si hay que recurrir a inseminación o a fecundación in vitro con semen de donante.

Una vez decidido el tratamiento, se hará la primera ecografía, para observar la cantidad de folículos antrales. “Cuantos más mejor, aunque lo normal es que entre los 38 y 40 años no sean más de cinco o seis; después, habrá que tener en cuenta también su calidad”. El especialista se queja de que mujeres mayores de esta edad se empeñan en hacerse fecundación in vitro cuando, a partir de los 40 años, las posibilidades de éxito suelen rondar el 5%. “La vida comienza a los 40, sí, pero sin folículos”, afirma con ironía.

Aquí se habrán acabado las pruebas médicas para la mayoría de los pacientes. Pero, según explica Hernández, existen otros tests “especiales”. Estos, advierte el experto, “no están muchas veces basados en la evidencia; aunque sirven para tener más información, ésta no se traduce ni en una mejora del diagnóstico ni del éxito de las terapias”.

A las mujeres que sufren abortos de repetición o no logran, por razones desconocidas, el éxito con la FIV se les recomienda el análisis del cariotipo que intenta localizar aneuploidias en los embriones ya fecundados in vitro.

Otras de estas pruebas buscan problemas de coagulación. “Se prescribe un análisis de sangre de hasta 15 variantes”, comenta Hernández quien señala que muchas veces son las propias pacientes las que piden esas pruebas, aunque no vayan a influir en un futuro éxito.

También están los estudios de implantación en el útero, en los que se incluye una biopsia y el análisis de los genes que se expresan cuando el endometrio se prepara para recibir al embrión. “No hay evidencia científica que apoye el uso de estas pruebas”, afirma el especialista, que resalta: “Del embrión sabemos aún muy poco”, concluye.

Fuente: entrevista “Qué esperar cuando toca esperar” de El Mundo a Eleuterio Hernández, codirector de FIV Madrid

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