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ESTUDIO DE FRAGMENTACIÓN DEL ADN ESPERMÁTICO EN PAREJAS CON DISFUNCIÓN REPRODUCTIVA

ESTUDIO DE FRAGMENTACIÓN DEL ADN ESPERMÁTICO EN PAREJAS CON DISFUNCIÓN REPRODUCTIVA

En la clínica FIVMadrid hemos desarrollado un programa de formación continuada para estar puestos al día sobre los avances que se dan en el campo de la medicina reproductiva. Con la intención de seguir indagando y conocer lo último que se está investigando sobre la causa masculina de la infertilidad, invitamos a Agustín García Peiró (biólogo experto en biología molecular), para que nos hablara de la relación que existe entre la rotura del ADN de los espermatozoides y los problemas de fertilidad de la pareja.

Cuando una pareja tiene problemas para concebir, habitualmente se solicitan varias pruebas a los dos para determinar cuál es la causa. Al varón se le pide un seminograma para empezar. Pero cuando se desea profundizar más en el estudio del factor masculino, son otras pruebas las que consideramos nos pueden dar más información para tomar decisiones. Algunas de ellas son el estudio de fragmentación del ADN espermático, el FISH en espermatozoides, un cariotipo o una fibrosis quística.

El ADN del espermatozoide se encuentra situado en el núcleo de esta célula y es donde están los cromosomas y toda la información genética que transmite el varón a su descendencia. El ADN se encuentra en forma de 2 cadenas paralelas y conectadas entre si.

Hasta la fecha, los estudios de fragmentación del ADN espermático que existían en el mercado, valoraban   la rotura de cadena simple, o sea, de una sola de las cadenas del ADN. No se ha podido demostrar que una fragmentación elevada de solo una cadena derive en una menor tasa de embarazo. En la actualidad lo que se está examinando es cómo influyen en los resultados reproductivos el daño de las 2 cadenas de ADN espermático.

Los estudios realizados hasta el momento demuestran que cuando existe más de un 60% de   fragmentación de la doble cadena de ADN, el porcentaje de fecundación en ciclos de fecundación in vitro (FIV) es más bajo, además, si la mujer tiene más de 35 años, los embriones resultantes tienen muy pocas posibilidades de implantarse y presentan un mayor riesgo de aborto.

En FIV, las roturas de cadena sencilla se asocian solo a una menor tasa de fecundación, mientras que las roturas de cadena doble suponen un mayor riesgo de alteración cromosómica de los embriones y una menor tasa de implantación.

Se sospecha que las alteraciones cromosómicas de los embriones podrían tener en algunas ocasiones un origen paterno, que va a depender de la integridad del ADN espermático. Cuando existe rotura de cadena doble del ADN se ha demostrado que en esos espermatozoides son más frecuentes las anomalías cromosómicas.

En las parejas con abortos de repetición o fallos de implantación, la rotura de cadena doble del ADN espermático podría constituir un factor de riesgo responsable de los fracasos repetidos. La identificación de estos varones llevaría a plantear cambios en los futuros tratamientos, como valorar un diagnóstico preimplantacional o incluso un semen de donante.

La abstención de consumo de cafeína, te y chocolate reduce el daño del ADN espermático.

Todos estos datos están basados en trabajos con escasos pacientes, habrá que esperar estudios más amplios. Pero es lógico pensar que un daño de las 2 cadenas del ADN espermático pueda tener implicaciones en la descendencia, sobre todo cuando esto de detecta en parejas con fracasos repetidos.

Dra Mª Angeles Manzanares Ruiz

Febrero 2016

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