Cuando un bebé nace, la imagen sorprende a las madres y padres primerizos en muchos casos, ya que tiene un aspecto azulado y cubierto con una capa pegajosa que recubre la piel del recién nacido. Esta sustancia es denominada vérnix caseosa.

 

Esta capa está compuesta por proteínas antimicrobianas, grasa, agua y una alta concentración de vitamina E. La vérnix protege al bebé de virus, hongos y la piel del líquido amniótico. 

 

La piel del bebé, inicialmente, puede tener un color amarillento (ictericia) como consecuencia de la activación retardada de las enzimas hepáticas.

 

Por otro lado, otro de los aspectos que más sorprende es la cabeza, ya que en la mayoría de los casos (por parto natural) tiene un aspecto cónica u oval. Esto se debe a la estructura craneal del recién nacido. Los huesos son flexibles y suaves con algunas aberturas entre las placas óseas. Al sufrir la presión en la cabeza en la vía de nacimiento, la extremidad se adapta para poder salir sin mayor complicación. 

 

Después del parto, la circulación sanguínea que provenía de la placenta al corazón, se redirige hacia los pulmones del bebé que se encuentran en fase de adaptación y crecimiento/expansión. Comprender este proceso facilita el entendimiento cuando un bebé prematuro necesita asistencia respiratoria.

 

Actualmente muchas mujeres optan por el parto de cesárea para evitar el dolor y las complicaciones que suponen el parto natural. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha expresado preocupación y alarma ante el aumento de esta práctica que puede generar secuelas negativas en la salud materno-infantil como: 

 

 

Esto se debe a que los niños que han nacido por cesárea no tienen el tiempo de pasar por la transición de aquellos que lo hacen por parto natural. La OMS recomienda partos naturales a menos que médicamente se haya indicado los contrario.

 

Conocer estos aspectos es acercarnos un poco más a nuestro pequeño que está por nacer y que brindará un estado de felicidad inexplicable a su nuevo hogar.